Houston, 12 de abril de 2026.- Los astronautas de la misión Artemis II de la NASA se dieron cita en el Centro Espacial Johnson luego de su histórica misión de sobrevuelo lunar. Los tripulantes son Reid Wiseman, Víctor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen.

El comandante Reid Wiseman expresó que es un privilegio especial ser humano y estar en el planeta Tierra. Wiseman señaló lo desafiante que fue estar más de 320 mil kilómetros de casa. “Antes del lanzamiento, se siente como el sueño más grande del mundo. Y cuando estás ahí fuera, sólo quieres volver con tu familia y tus amigos”, dijo.

Víctor Glover mandó un mensaje a su familia y al público: “Los amo, y no sólo a esas cinco hermosas damas de piel color cacao de ahí. A todos ustedes”. Christina Koch dijo que el inicio y el final de la misión fueron momentos humanos aquí en la Tierra.

Koch mencionó que una tripulación “está vinculada de manera ineludible, bella y obediente”. Señaló que lo que más le impactó fue toda la negrura alrededor de la Tierra, describiéndola como “este bote salvavidas suspendido e imperturbable en el universo”. Jeremy Hansen destacó el compromiso de los tripulantes de Artemis II con el ‘Tren de la Alegría’.

En otros hallazgos, un nuevo análisis ha comprobado la falsedad del fósil conocido como Pohlsepia mazonensis, de supuestamente 300 millones de años. La reclasificación fue liderada por Thomas Clements, zoólogo de la Universidad de Reading, quien señaló que la pieza es extremadamente difícil de interpretar debido a que es una “especie de masa blanca”.

El análisis reveló que el fósil posee 11 dientes por hilera, una configuración incompatible con los pulpos modernos. Es en realidad más cercano a los nautilos, coincidiendo con el Paleocadmus pohli, hallado en la misma región. El fósil perdió el Récord Guinness y el registro fue actualizado. La pieza se mantiene bajo custodia en el Field Museum de Chicago.

Por otro lado, un estudio publicado en la revista Science revela que las abejas también son capaces de ver e interpretar patrones. Un equipo de la Universidad Macquarie de Sydney, Australia, trabajó con abejas y abejorros entrenados para buscar alimento en flores artificiales con luces tipo LED.

Un patrón de luz intermitente ofrecía néctar, mientras que las flores con otro patrón no. Las abejas pudieron ser entrenadas para preferir un patrón rítmico de destellos sobre otro. Según Andrew Barron, uno de los autores del trabajo, las abejas reconocían el ritmo aprendido independientemente de si se reproducía más rápido o más lento.

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