Por Redacción
Ciudad De México, 28 de julio de 2026.- “Se ha escrito mucho, quizás demasiado, sobre la inteligencia artificial (IA) y muy poco, casi nada, sobre la Inteligencia Natural (IN)”, señala un análisis publicado por La Jornada, el cual destaca diversas manifestaciones de esta capacidad humana frente al auge tecnológico.
Como un primer ejemplo de inteligencia natural, el texto identifica a las mujeres que trabajan en tortillerías. Estas cocineras son capaces de atender simultáneamente un comal con hasta 12 tortillas mientras gestionan una fila de clientes, demostrando una coordinación compleja en su labor cotidiana.
La inteligencia natural también se manifiesta en las cocineras de hogares y restaurantes, quienes atienden al mismo tiempo un sartén, una cazuela y una plancha, además de registrar los pedidos de los comensales. Esta multitarea refleja una habilidad innata para procesar múltiples variables sin ayuda mecánica avanzada.
En el ámbito creativo, los artesanos crean objetos únicos utilizando herramientas simples y técnicas aprendidas de generación en generación, trabajando materiales como barro, madera, textiles y metales. En Michoacán destacan ejemplos notables: en Santa Clara del Cobre golpean cobre caliente para fabricar vasijas; en Pátzcuaro y Uruapan existen maestros del maque y la laca; y en Cuanajo se tallan maderas para muebles decorados.
Asimismo, los acróbatas son descritos como profesionales del movimiento extremo que ejecutan saltos, piruetas y equilibrios apoyándose en elementos como telas, aros o trapecio. Esta disciplina evolucionó desde actos callejeros destinados a amenizar banquetes hasta convertirse en el pilar central de compañías modernas de talla internacional.
Ante estos escenarios, la publicación concluye: “En suma, estamos obligados a reconocer una inteligencia natural que acompaña a buena parte de los seres humanos”, subrayando la importancia de valorar estas capacidades frente a la narrativa predominante sobre la inteligencia artificial.