Ciudad De México, 17 de junio de 2026.- Un análisis histórico y legal sobre el navío ‘Oriflame’, hundido en 1770 frente a las costas de Chile, determina que su cargamento pertenece a la Real Hacienda de la monarquía de Carlos III de España. Así lo establece el estudio ‘El navío Oriflame: un tesoro cultural hundido frente a las costas de Chile’, elaborado por Vicente Ruiz García, asesor de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval.

Según las conclusiones del experto, “no existe ninguna evidencia para que terceros puedan reclamar este cargamento”. Ruiz García señala que “el heredero legítimo del tesoro hundido y de la mayor y más preciada carga del pecio naufragado en la región de Maule (Chile) sería, en caso de rescate, el Estado español”.

El ‘Oriflame’ zarpó del puerto de Cádiz el 18 de febrero de 1770 con destino al Callao, en el virreinato del Perú, bajo las órdenes del capitán Joseph Antonio de Alzaga. La embarcación llevaba a bordo a 176 personas entre tripulación y pasaje, así como 1.478 cajones de cristalería de la Real Fábrica de la Granja de San Ildefonso de Segovia, además de joyas y otros objetos valiosos. Todos los tripulantes fallecieron en la catástrofe y las cajas nunca fueron recuperadas.

La trayectoria del buque incluye su origen como un navío de guerra francés de 54 cañones, botado en Tolón en 1744, que sirvió a la Armada francesa y participó en la batalla de Cartagena de Levante en 1758. Tras ser capturado por los ingleses en 1761, fue adquirido en Gibraltar por el comerciante José Villanueva y Pico para convertirlo en un navío mercante de la Carrera de Indias, siendo rebautizado como ‘Nuestra Señora del Buen Consejo y San Leopoldo’, aunque conservó el alias de ‘Oriflame’. Posteriormente, en 1765, pasó a manos de la casa comercial Uztáriz Hermanos y Compañía.

En 2005, una empresa cazatesoros anunció haber localizado el lugar del hundimiento y mostró disposición para extraer la carga, pero la justicia chilena denegó dicha petición. Aunque el estudio afirma que la carga corresponde al Estado español, Vicente Ruiz García admite que el “pecio pertenece a la Humanidad”.

La investigación destaca la distinción legal sobre los bienes hundidos: según el artículo 32 de la Convención de la Unesco, los barcos de guerra hundidos son propiedad de los Estados, mientras que los comerciales no necesariamente siguen esa regla. El ‘Oriflame’ navegaba como mercante al momento de su pérdida, transportando bienes destinados al comercio colonial.

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