Londres, 22 de junio de 2026.- Diez años después del referéndum del Brexit, el Reino Unido se dispone, con toda probabilidad, a presenciar cómo entra en Downing Street el séptimo primer ministro desde que el Brexit comenzó a formar parte de sus vidas.

El 23 de junio de 2016, un 51,9% de los británicos eligió romper amarras con la Unión Europea, frente a un 48,1% que intentó permanecer. Una década más tarde, la ultraderecha más violenta incendia a menudo las calles del país y se concentra frente a las casas y hoteles que acogen a inmigrantes irregulares y solicitantes de asilo.

Los gobiernos conservadores intentaron negociar con Bruselas las condiciones de un Brexit que nunca se pararon antes a pensar o diseñar. Boris Johnson reconoció: “No teníamos un plan para lo que había que hacer a continuación. No pensamos que fuera nuestro trabajo tener ese plan”.

Posteriormente, hubo una segunda fase, camuflada por la pandemia, en la que Downing Street quiso enterrar bajo la alfombra el asunto, darlo por zanjado. Fueron los días de las fiestas prohibidas en la residencia del Gobierno, durante el confinamiento, que acabaron con la carrera de Johnson.

Paul Sinclair, exasesor de anteriores gobiernos laboristas, señaló que necesitan cuanto antes un cierto grado de estabilidad. “En primer lugar, ningún país ha logrado prosperar desde la crisis financiera de 2008, y eso ha provocado inestabilidad y el ascenso de la derecha”, indicó.

Sobre la capacidad de liderazgo, Sinclair agregó: “Y en nuestro caso, hemos sido incapaces de elegir a alguien que haya intentado gobernar, impulsar un proyecto como lo hicieron Margaret Thatcher o Tony Blair”.

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